Primero con Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez y, desde hace un tiempo, en solitario, Andrés Calamaro no ha dejado de cosechar éxitos. Es uno de esos autores, tipo Sabina, al que millones de personas veneran. A mí me gusta porque sus letras son brillantes pero, a mi modo de ver, arreglos y melodía se quedan justitos en ocasiones. En cualquier caso, comprendo que deba estar entre los grandes y los que pasaran a la historia. Por eso cuelgo aquí una de mis favoritas del argentino, la primera que oí en una cinta de cassette en el coche de mi hermana. “La parte de adelante” es, junto con “Paloma” y “Con Abuelo”, la que más me gusta pero estoy dispuesta a cambiar de opinión si me proponéis alguna otra.
Y aquí la que, en teoría, es mi canción preferida de la historia. Sí, tal cual. Me pegué años diciéndolo e incluso preguntando a todos mis allegados por la suya propia. Lo confieso: la he quemado tanto que ya no me atrevo a decir que ostente ese puesto y ni siquiera creo que pueda escoger una sóla. More than Words, de Extreme, me recuerda a mi hermana N., a cuando la dejé con mis padres en el tren Pamplona-Madrid para que, después, volara a Boston. ¿Y esta historia tan ñoña? Nada, solo para explicar que esta es una de esas canciones que una no debe ponerse si está nostálgica, o que sí en el caso de que quiera llorar. Imagino que no os descubro el mundo, pero estos temas no pueden faltar en ninguna recopilación mía que se precie, y son cacniones que todo el mundo debiera conocer.
Menudo tostón de texto he escrito. Ale, a escuchar la música.
Aprovechando que acaban de anunciar que la gira de Sabina de Vinagre y Rosas (se llama así el nuevo disco? me da pereza cotejarlo.) va a pasar por Pamplona el día de San Francisco Javier -aunque dudo que exista vínculo alguno entre el santo y el cantante de Úbeda-, dejo aquí una de mis miles canciones favoritas: Más de cien mentiras.
Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares, tenemos la duda y la fe, sumo y sigo, …
Y apenas un año antes de todo eso…los precursores de los New Kids on the Block, Backstreet Boys, Take That, Boyzone, etc: The Temptations. Lo que queda absolutamente claro es que las ‘coreos’ (jerga de, a saber: coreografías) de estos últimos son de muchísimo más nivel que las de nuestros amigos de los 90.
En fin, que la que algunos pensábamos que era simplemente la canción de la precisamente ‘noventera’ película “Mi chica” data de unos cuantos años antes. Pero da igual, a nosotros siempre nos quedará la imagen de Macauley Culkin rodeado de abejas.
Mientras Mobutu se hacía con todos los poderes del Congo, China presenciaba su revolución cultural, Estados Unidos regalaba tanques Patton a Israel o incluso Fraga se bañaba en una playa de Almería para probar que no había radioactividad por allí, no me hubiera importado estar con The mamas and the papas de descapotables probándome sombreros en tiendas. Y de paso bailando al son de sus coetáneos chicos de la playa (The Beach Boys). Creo que, por encima de California dreamin’ , esta es mi canción favorita del grupo. Me equivoqué de época.
Y como suficientemente he dado la ‘chapa’ con mis sobrinos y, por extensión, con los niños en general y el milagro/regalo que suponen en nuestras vidas, basta dejar esta canción del italiano Giuseppe Povia tan explotada en campañas solidarias (no de nuestro país) de diversos organismos.
Este tipo tiene un par de canciones más que me encantan (Triste y ‘tú eres tonto’, cuya traducción al italiano no recuerdo ahora mismo) y otra que, sin emocionarme en absoluto, me parece, cuando menos, digna de análisis: Luca era gay. Versa sobre un tipo que, siendo homosexual, dejó de serlo y de pronto le atrajeron las mujeres. Imaginaros el revuelo que causó en Italia el tan poco progre e intolerante asunto, tanto, que pronto algunos medios españoles se hicieron eco de ello y por eso llegué a enterarme. Frente a esto, tenemos otra canción, melodía 10 y letra en fin, de Mika (q acaba de sacar disco, a propósito): Billy Brown que, casado, con hijos e incluso perro, como dice el pre-estribillo “then Billy Brown fell in love with another man” (entonces BB se enamoró de otro hombre).
Aprovechando que hoy es una de esas noches en que crees que el mundo es maravilloso por la sola existencia de series -han estrenado Flashforward y me ha gustado-, hago un flashback y me encuentro con Cheers, una de las primeras producciones de este género que conocí. Quizá por eso me encante la canción, porque la tengo metida muy dentro comohilo muiscal de fondo de mi infancia, y quizá, de hecho, la sobrevalore. En cualquier caso, la letra no la he apreciado hasta hace unos años: a veces quieres ir al lugar donde todo el mundo conoce tu nombre y siempre eres bienvenido. Y esa es, precisamente, una de las fortalezas -y debilidades- de Pamplona. Pero de momento, os dejo con Boston, la ‘pamplona’ norteamericana.
Luciano Pavarotti y Bryan Adams. Mezcla aparentemente explosiva en el sentido peyorativo de la expresión y, sin embargo, LA BOMBA, en el mejor de ellos. El limpísimo timbre del tenor con la desgarrada voz de mi ídolo musical de la tardo-adolescencia (ahora no vale decir que sigo en ella, ¿ok?). Me saca una sonrisa ver cómo disfruta Pavarotti comprobando que Bryan Adams llega perfectamente a todas las notas, y cómo este último lo hace con humildad y cierto apuro, dándose cuenta de que al lado del italiano no es nada.
Esta versión de la canción popular de Módena “O sole mio” pertenece a uno de los conciertos solidarios que solía realizar el tenor italiano para recaudar fondos. ¡Qué gran pena! ¡Qué grandísima pena no haber tenido la oportunidad de asistir a uno de esos “Pavarotti and friends”! que reunieron a los mejores. Si tuviera que pedir cuatro deseos (ay, chicos, es que tres no me salen a cuenta) al genio de la música, serían acudir a un concierto de
1. Los Beatles
2. Mecano
3. Pavarotti and Friends
4. Queen
Y como me parece a mí que voy por mal camino por haber nacido tarde (o porque ellos se han muerto/separado demasiado pronto), me tengo que conformar con la compra de discos o, desde hace ya unos años, como en el caso de este ‘O sole mio’, con compartir música online. Y digo esto porque recuerdo que el tema lo descargué en el año 2000 del mítico Napster, el pionero en esto del P2P y, por tanto, el que pagó el pato por las primeras denuncias y tuvo que empezar a cobrar.