Entre las recientes visitas a Ámsterdam de mis roomies y las conversaciones sobre ópera sí, no, arte sí, no, ballet sí, no, hemos terminado hace unas horas con una conversación sobre la Belleza. Si el gusto por ella es gratuito, la idoneidad de educarlo, la relación con lo bueno, etc. Cuando uno prueba una ostra o el caviar por primera vez, no le gusta; y sin embargo, una hamburguesa de Mc Donalds, sí.
Como ni puedo- ni quiero hacer una disertación filosófica sobre el tema, me remito a la canción que inevitablemente me ha venido a la cabeza: “Vincent”, de Don Mclean, que tiene la capacidad de remover a cualquiera que conozca, no ya la obra, sino la persona de Van Gogh, y dejarle un regusto amargo e inquieto en el alma. Por las preguntas que laten de fondo, por si el genio no es capaz de asumir la existencia sin acabar con ella, por si es el común de los mortales el que le hace acabar con ella, por si él estaba diciendo todo esto a gritos, por si el amor es tan fuerte a veces que no se pueda superar, por si el hombre no es capaz de llegar a la Belleza sin que esto le resulte insoportable… Por tantas cosas.
Now I think I know what you tried to say to me,
How you suffered for your sanity,
How you tried to set them free.
They would not listen, they’re not listening still.
Perhaps they never will…